Hambre de Verdad
¿Vale algo la verdad?
¿Vale acaso tus lágrimas?,
¿O tu sufrimiento en soledad?
Esconderse no puede más
esta innegable realidad,
que no tenemos confianza
en el Señor de la piedad.
Que no es Él el alba que anhela,
nuestra alma en la noche y la oscuridad.
Que no es Él el pan que buscamos
cuando saciarnos ansiamos con intensidad.
Y es que somos muy tontos,
y tan tontos en verdad.
Vemos a los demás llorando,
confundidos y en soledad;
o tal vez anestesiados,
entre la locura y la ebriedad;
¿Y por qué envidiar esa vida?
¿Acaso es esa la última realidad?
Pongámosle límites firmes,
a esta nuestra necedad.
“No existe verdad
verdadera;
solo polvo de estrellas,
vive a tu manera”.
“No existe esperanza futura;
abre bien los ojos,
aprende y madura”.
¡Bah!
Mentiras que ansiamos oír,
para vivir a oscuras,
engañar y mentir.
No es que no queramos justicia,
¡castigo a los que nos dañan
con tan cruenta maldad!
Pero es que yo no soy tan malo,
yo sí que merezco la impunidad.
No podemos ser tan ingenuos
ni renunciar con tal ligereza a la claridad,
¡Mejor arráncame los ojos
que reducir a esto mi humanidad!
¿Cómo podría ser solo esto
y aceptarlo con tanta naturalidad?
¡Jamás!
Jamás será un llanto vacío
ni una sonrisa solo algo facial;
son indicios de lo que cargamos,
de nuestra semejanza con La deidad.
No aceptes estas anestesias
de falsas ideas y profundidad.
No sea que un día despiertes
ya lleno de canas y tu vida atrás.
No sea que cuando te llamen
no tengas Justicia para presentar.
Sabes bien, hermano querido,
que por tus acciones no te vas a salvar;
que si miraran nuestros corazones,
ni aún uno solo se atrevería a hablar.
No hubo nunca noche más oscura
que aquellos tres días que tocó esperar,
a que el Cristo resucitara y que así
su promesa lograra guardar.
Él nunca jamás desampara
aunque algunas veces nos toque llorar.
¡Confía al Señor tu alma!
Es tu ancla segura en todo este mar,
tu Roca, firme y más alta,
la que permanece tras la tempestad.
Te entiendo, mi hermano querido,
que a veces no entiendes tu trajinar;
tan solo recuerda, hermano querido,
que está siempre en vela,
Quien te ha de guardar.
Recuerda, en Quién has creído,
cuando por la tormenta,
te toque pasar.
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